sábado, 18 de noviembre de 2017

La nueva “revolución social” del Papa

Año 13, número 654
Luis-Fernando Valdés

Francisco estableció celebrar una Jornada de los Pobres. ¿Por qué el Papa pone su atención en los necesitados? ¿Qué clase de revolución social pretende?   

El Papa Francisco en una visita sorpresa a
un barrio marginado de Roma (9 feb. 2015).
(Foto: AFP / El clarín)

1. El origen de esta iniciativa. El año pasado, mientras pronunciaba la homilía de clausura del Año de la Misericordia (13 nov. 2016), Francisco tuvo una idea que no estaba prevista en el texto preparado. (PCPNE, 13 jun. 2017)
El Pontífice estaba hablando de “no apartar los ojos de Dios que nos mira y del prójimo que nos cuestiona… especialmente al hermano olvidado y excluido”, cuando añadió de modo espontáneo: “a la luz de estas reflexiones, quisiera que hoy fuera la ‘Jornada de los pobres’.”
Y este deseo se convirtió en realidad, pues Francisco instituyó que se celebre en toda la Iglesia, en el penúltimo domingo del tiempo litúrgico ordinario (cuya fecha es variable), la Jornada de los Pobres, que se llevará a cabo por primera vez este domingo 19 de noviembre.

2. Hechos y no palabras. En su Mensaje para esta Primera Jornada de los Pobres, Francisco sale al paso del contraste entre las “palabras vacías” que hablan de ayuda a los necesitados y la realidad de los “hechos concretos” con los que se auxilia a los desvalidos.
El Pontífice instituyó esta Jornada con el objetivo de ayudar “a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social”. (Carta “Misericordia et Misera”, 20 nov. 2106)

3. Una idea revolucionaria. La pobreza ha sido un problema social, que durante siglos la Iglesia buscó paliar con obras de beneficencia; pero desde el siglo XIX, cuando el problema tomó una dimensión global, la respuesta de la Iglesia ha tomado diversos cauces, que van desde las actividades de asistencia de la Madre Teresa de Calcuta, hasta acciones subversivas de algunas Teologías de la Liberación.
El Papa Francisco con esta Jornada busca expresamente romper la dialéctica dañina de “pobres contra ricos”, y para eso sugiere iniciativas que ayuden tanto a remediar la situación de los pobres, como a enriquecer espiritualmente a los pudientes mediante su solidaridad hacia los necesitados.

4. Pobreza y evangelización. Francisco explica que ayudar a los pobres es vivir el corazón del Evangelio. Por eso, sugiere que una manera clave de difundir la fe, en la cultura de hoy, consiste en ayudar a las personas a encontrar a Cristo en el próximo que está más necesitado.
El Papa propone las actividades de voluntariado como un verdadero “encuentro” con los pobres, pero pide que el “compartir” nuestros bienes con ellos no sean un gesto aislado, sino un “estilo de vida”.
Y explica que esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque “se toca con la mano la carne de Cristo”. Y añade que, si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que “toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres”.

Epílogo. Ésta es la verdadera revolución de Francisco: integrar en una sola iniciativa dos de las grandes preocupaciones de los últimos pontífices: aliviar la pobreza y recristianizar la sociedad. Lo revolucionario de la Jornada de los Pobres radica en hacer de una causa social el cauce para reevangelizar a la sociedad occidental.
No se trata de retórica social, sino de coherencia con el Evangelio, que nos dice que a Cristo lo encontramos no sólo en los medios espirituales (Escritura, Sacramentos), sino también en el prójimo: cuando le diste de comer a un hambriento, “a mí me lo hiciste” (Mateo 25,45).


viernes, 10 de noviembre de 2017

Será beatificado el Papa de la sonrisa

Año 13, número 653
Luis-Fernando Valdés

Juan Pablo I fue declarado “venerable”, paso previo para su beatificación. Su sencillez y humildad, conquistaron a los fieles en los 33 días que duró su pontificado. ¿Por qué es importante este reconocimiento de la Iglesia? 

Albino Luciani, luego Juan Pablo I,  
conocido como el Papa de la sonrisa, 
fue declarado "venerable" por Francisco.
1. La figura de Albino Luciani. Nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale (hoy Canale d’Agordo), Italia, y falleció de un fallo cardiaco el 28 de septiembre de 1978 en el Palacio Apostólico del Vaticano. Fue arzobispo del Patriarcado de Venecia entre 1969 y 1978. El 26 de agosto de 1978, fue elegido por el Cónclave como sucesor de San Pedro.
Fue el primero en utilizar dos nombres al escoger como se llamaría como Pontífice. Los tomó en honor de los dos Papas que llevaron a cabo el Concilio Vaticano II: Juan XXIII y Pablo Vi. Hasta ahora, Juan Pablo I ha sido el último Papa Italiano.
El pasado jueves 9 de noviembre, el papa Francisco firmó el decreto que reconoce que Albino Luciani vivió en grado heroico las virtudes cristianas, y que por eso puede ser llamado “venerable”. El siguiente paso hacia su beatificación consiste en acreditar un milagro atribuido a su intercesión.

2. Despejadas las dudas sobre su muerte repentina. Como Juan Pablo I murió al mes de haber sido elegido, se suscitaron muchos rumores sobre si habría sido asesinado. Por eso, este halo de dudas tuvo que ser estudiado a fondo durante su proceso de beatificación.
La periodista italiana, Stefania Falasca, que fue nombrada vice-postuladora de la causa de canonización, realizó una investigación histórica en la que interrogó a testigos inéditos y tuvo acceso a archivos secretos de la Santa Sede y a registros clínicos.
El resultado de la investigación, recientemente publicado en el libro “Papa Luciani. Crónica de una muerte” (Piemme, 2017), Falasca explica que la misma noche del fallecimiento, el Pontífice sufrió un fuerte dolor en el pecho, pero él mismo lo desestimó y le dijo a su secretario, el Padre Magee, que no hacía falta avisar a su médico. (A. Tornielli, 4 nov. 2017)

3. Fama de santidad. Una persona santa es aquella que, ayudada por Dios, consigue que en su modo de vivir se refleje la vida misma de Jesucristo. El Papa Luciani cultivó en su existencia la humildad de Jesús quien, siendo Dios eterno y todopoderoso quiso tomar nuestra frágil naturaleza mortal (Fil 2,1ss).
La profunda huella dejada por Pablo VI, el Papa que culminó el Concilio Vaticano II y empezó a implementarlo, dejaba un alto listón para su sucesor. Pero la humanidad y la simpatía del Papa veneciano se ganaron inmediatamente el corazón de todos.
De sus breves 33 días de Pontificado, alguno comentó que fueron un día por cada año de la vida de Cristo. En ese lapso, Juan Pablo I sólo ofreció cuatro audiencias generales, en la que dio unas catequesis llenas de sencillez, que reflejaron su talante nada pretensioso de lucimiento personal.

4. El atractivo de la humildad. “Humilitas” era su lema obispal, significaba “no humildad, sino compromiso para ser humildes”. Y ese compromiso de ser una persona sencilla, la demostró en esas cuatro audiencias, dialogando con los niños, a los que invitaba para explicarles la doctrina a los fieles adultos. (A. Tornielli, 28 ago. 2012)
En la Audiencia general del 6 de septiembre de 1978, explicaba así la humildad: “¡El Señor ha recomendado tanto ser humildes! Aun si ustedes han hecho cosas grandes, digan: siervos inútiles somos. En cambio, la tendencia de todos nosotros es más bien lo contrario: ponernos en primera fila. Humildes, humildes: es la virtud cristiana que a todos toca”.

Epílogo. La serena personalidad de Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, nos recuerda que lo principal en la vida de un creyente es volver al fundamento, que es parecernos a Cristo. Y, por lo tanto, a no valorarnos por lo que tenemos o conseguimos, sino por lo que en realidad somos.
También la humilde figura de Juan Pablo I nos hace ver que han quedado muy lejos los días de los Papas ostentosos, que mucho ha sido explotada en recientes producciones de series y películas. En realidad, los Papas de nuestra época han sido hombres austeros, realmente comprometidos en guiar a la Iglesia hacia Cristo y hacia el servicio de los demás.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Francisco: el mundo está en guerra

Año 13, número 652
Luis-Fernando Valdés

El Papa insiste en que vivimos una guerra mundial por fragmentos repartidos por el planeta. Como un nuevo profeta, Francisco advierte que la guerra nos destruye a todos, también a nosotros.

El Papa Francisco rezando entre las tumbas de
los soldados norteamericanos caídos en Italia
durante la II Guerra Mundial. (Foto: OR / ACI)
1. Día de difuntos con el Papa.  Este año, el Santo Padre tuvo dos eventos con motivo de la Conmemoración de todos los fieles difuntos (2. nov.). Primero, celebró la Santa Misa en sufragio por los caídos de todas las guerras, en el Cementerio Americano de Neptuno, cerca de Roma. Y después tuvo un Momento de oración en el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas (Roma) por las víctimas de la masacre ordenada por Hitler el 24 de marzo de 1944.
Francisco explicó el significado de estos gestos: “Las guerras no producen nada más que cementerios y muerte: es por ello que he querido dar este signo en un momento en el que nuestra humanidad parece que no ha aprendido la lección o no la quiere aprender”. (News.va, 1 nov. 2017)

2. La guerra no soluciona nada. Francisco visitó el Cementerio Americano Sicilia-Roma que custodia los restos de 7,861 soldados y enfermeras norteamericanos, caídos durante la II Guerra Mundial. Se trata de jóvenes que perdieron la vida entre 1943 y 1944 durante la liberación de Sicilia y la batalla de Anzio, con la que Roma fue liberada.
En la homilía, el Papa recordó que, a lo largo de la Historia, muchos han pensado que la guerra habría resuelto sus problemas; pero que, sin embargo, la guerra sólo trajo un infierno de pérdidas y dolor. E insistió que actualmente hay una guerra a trozos en el mundo, que se está extendiendo cada vez más.
El Pontífice explicó también que “los hombres hacen de todo para declarar y hacer la guerra. Y al final, se destruyen a sí mismos. Esto es guerra: la destrucción de nosotros mismos”. Y añadió en tono de denuncia que hoy “el mundo de nuevo está en guerra y se prepara para estar en guerra con más fuerza” y advirtió que “con la guerra, todo se pierde”. (Rome reports, 2 nov. 2017)

3. Las guerras sólo dan frutos de odio y muerte. Por la tarde del Día de difuntos, Francisco visitó las Fosas Ardeatinas, pues en este lugar a las afueras de Roma, en 1944, el ejército nazi ejecutó a 335 personas. Fue una represalia ordenada por el propio Hitler como respuesta al ataque de los partisanos contra 31 soldados nazis. Hitler ordenó que se asesinara al menos a 10 civiles italianos por cada soldado del Reich.
El Papa estuvo en el sitio donde en grupos de cinco, los nazis iban asesinando a sus víctimas de un tiro en la nuca. Ahí fueron asesinados 68 militares y 255 civiles; de ellos, 73 eran judíos. Allí el Pontífice depositó una rosa blanca en algunas de las sepulturas y caminó en silencio.
Al terminar, Francisco firmó en el libro de honor del mausoleo, en el que dejó un mensaje importante para la paz del mundo, pues señala que “estos son los frutos de la guerra: odio, muerte y venganza”, y concluye con una petición: “Perdónanos, Señor”. (Rome reports, 2 nov. 2017)

Epílogo. Francisco ha escogido un lugar icónico de la II Guerra Mundial para lanzar un mensaje válido para nuestra época. Aunque los puntos de combate estén localizados en unos pocos países, en realidad, afectan a todo el mundo, y por eso constituyen una “guerra mundial a pedazos”. Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de conflictos bélicos, pero estos siguen siendo la causa de destrucción, tristeza e injusticia. ¡No más guerras!
Pero no podemos hablar de la guerra como si fuera un mero dato histórico. Por eso, ante todo, ofrecemos una oración sincera por todas las víctimas de las guerras, de ayer y de hoy, junto con una plegaria por el consuelo de sus deudos.



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