domingo, 1 de junio de 2014

El Papa frente a dos muros


Año 10, número 473
Luis-Fernando Valdés

El reciente viaje del Papa a Tierra Santa mantiene su actualidad. Francisco se detuvo ante el muro que separa Israel de Cisjordania, y luego rezó frente al muro de las lamentaciones. ¿Qué mensaje quiso transmitir el Papa desde esos dos lugares?
El Santo Padre viajó a Jordania, Jerusalén y Belén con un triple objetivo: la unión de los cristianos, el impulso de la paz en la región y el mensaje de aliento a los católicos de Tierra Santa.
Expresamente, la delegación vaticana advirtió que esta visita apostólica tenía un carácter religioso, pero el Papa tuvo gestos acertados y palabras adecuadas para coadyuvar al proceso de paz entre Israel y los palestinos, que ahora mismo está en punto muerto.
Entre esos gestos están las visitas que hizo el Pontífice a los dos muros, que representan las heridas de judíos y palestinos. Primero, Francisco hizo una parada inesperada frente al muro construido por Israel que separa Cisjordania de Jerusalén.
El Papa reza frente al muro de Cisjordania.
Xavier Abu Eid, portavoz de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y testigo privilegiado de la escena, comentó a “Proceso” que “sinceramente, pensábamos que en el mejor de los casos, su vehículo sólo se detendría junto al muro para contemplarlo”.
Y añadió: “Pero de repente vi que el automóvil paraba y el Papa comenzaba a salir. Le tendí la mano y le ayudé a bajar y le dije, en español: ‘Su Santidad, éste es el muro que separa la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén de la iglesia de la Natividad de Belén, el muro que dificulta la vida de muchas familias cristianas’. Y él me sonrió y me dijo: ‘Sé perfectamente lo que está pasando aquí’. Y caminó hacia el muro, apoyó la cabeza contra la pared y rezó en silencio unos minutos” (Proceso.com.mx, 30 mayo 2014).
En este muro de 10 metros de alto, había unos grafitis que decía: “Bienvenido Papa, necesitamos a alguien con el que hablar de justicia. Belén parece el ghetto de Varsovia. Palestina libre”.
Pero el Santo Padre no busca reivindicar ni a los palestinos ni a los israelíes, pues como señaló el vocero vaticano, el P. Lombardi, “los gestos del Papa no son contra nadie. Él está simplemente del lado de los que sufren”.
Al día siguiente, ya en Jerusalén, el Pontífice fue invitado por primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a visitar el monumento que recuerda a las víctimas de los atentados antiisraelíes.
“El Papa aceptó rápidamente”, contó Lior Haiat, portavoz de Relaciones Exteriores israelí. “Fue algo simbólico porque este memorial que recuerda a las víctimas del terrorismo tiene forma de pared y podríamos decir que es la otra cara del mismo muro: Sin la amenaza del terrorismo no habríamos necesitado construir esta barrera de seguridad en Cisjordania”
El segunda muralla que visitó el Papa Francisco fue el “muro de las lamentaciones”. Y ahí se dio un abrazo –ya célebre– con el Rabino Abraham Skorka y el dirigente musulmán Omar Aboud.
El líder musulman, el Papa y el Rabino.
“Con este gesto quiso darnos una representación clara del diálogo interreligioso que quiere fomentar. El Papa nos está diciendo: éstos son mis amigos y con ellos he trabajado mucho”, explicó a “Proceso” el padre David Neuhaus del Patriarcado de Jerusalén.
De esta manera, vemos dibujada la estrategia de paz del Papa Francisco, la cual consiste en reconocer los problemas (simbolizados en los dos muros), rezar por la concordia y promover la amistad que lleva al diálogo.
Es así como el Santo Padre pretende derribar los muros de la separación y tender puentes de fraternidad. Por eso, fueron sinceras sus palabras “Shalom” (‘paz’ en hebreo) y “Salam” (‘paz’ en árabes).

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