viernes, 22 de septiembre de 2017

Sismo en México, ¿dónde estaba Dios?

Año 13, número 646
Luis-Fernando Valdés

#FuerzaMéxico. Gracias a todos, en México y el Mundo, por su solidaridad ante esta tragedia.

Ante la gran tragedia del sismo en México, viene la gran pregunta: si Dios cuida o no a la gente. Para los creyentes, la cercanía de Dios fue perceptible mediante diversos signos de los que fui testigo.


1. Una misma fecha, diferentes efectos.  Vivo en la Ciudad de México y me tocó sentir el impresionante sismo del pasado 19 de septiembre, aniversario de aquel otro terremoto de 1985. Pero ahora la situación fue diferente, pues estábamos mejor preparados para una emergencia de esta magnitud.
A las 11:00 horas hubo un gran simulacro, como se hace cada 19 de septiembre; pero dos horas después vino el temblor real. Los simulacros realizados cada año, la señalación tanto de salidas de emergencia como de puntos de reunión seguros, realmente ayudaron a mitigar el caos generado por el movimiento de suelos y edificios.
Además, las normativas de construcción que se implementaron desde 1985, también jugaron un papel importante. La BBC estima que en aquella tragedia murieron unas 10 mil personas, unas 68 mil resultaron heridas y 30 mil edificios fueron afectados. Ahora, murieron 148 personas en la ciudad de México (y otras 138 en los estados de Morelos y Puebla), se colapsaron 40 edificios, y el Excelsior calcula que 2,400 edificios quedaron severamente dañados. Las cifras son altas, pero la diferencia entre ambos sismos es enorme.

2.  Una solidaridad trepidante.  En todo el mundo se han transmitido imágenes de la ayuda humanitaria que por toneladas se han enviado a las zonas afectadas por el sismo: agua, comida, ropa, herramientas. Además, el gobierno local ha facilitado el transporte público y el acceso a los hospitales públicos.
Miles de personas, especialmente los jóvenes, espontáneamente ha acudido a prestar ayuda en las labores de rescate y de atención a los damnificados. Yo mismo he visto acudir a centenares de alumnos de la Universidad Panamericana, de la cual soy capellán y profesor, como voluntarios a diversos puntos de la Ciudad de México y del estado de Morelos. También soy testigo de la enorme red de ayuda de la Iglesia Católica que, mediante las parroquias y decanatos, ha facilitado víveres y albergues.

3. La cercanía de todo el mundo.  La solidaridad no se redujo a la ayuda económica, sino que también se manifestó en los sentimientos de apoyo y de cercanía, junto con las miles y miles de plegarias por los difuntos y por los necesitados.
Los mensajes de grandes personajes, como el Papa Francisco, de presidentes y primeros ministros, de artistas y empresarios, nos dieron el consuelo de saber que no estamos solos en esta tragedia, y nos ayudaron a ver que todavía hay mucha bondad en nuestro mundo.

Epílogo.  Los cataclismos son fenómenos que responden a leyes naturales, no a castigos divinos. En esas tragedias, Dios cuida ordinariamente a los hombres mediante nuestro propio ingenio y responsabilidad, que –en este caso– nos permitieron desarrollar una cultura de prevención que evitó una tragedia más grande.
 Pero Dios nos atiende especialmente mediante el sentimiento de solidaridad que Jesucristo, Dios hecho hombre, ha sembrado en los corazones con su ejemplo y sus enseñanzas: “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22,39), “trata a los demás como quieres que ellos te traten a ti” (Mateo 7,22), y dale dar de comer al hambriento y techo al desamparado (cfr. Mateo 25, 31-46). Por la fe, sé que Dios estuvo presente durante el sismo, en el rostro y las manos de quienes prestaron ayuda.



viernes, 15 de septiembre de 2017

Emergencia ambiental

Año 13, número 645
Luis-Fernando Valdés

Una serie de huracanes y sismos en México y el Caribe ponen a prueba no sólo los servicios de emergencia, sino el paradigma de solidaridad de nuestra sociedad. 

Juchitán se convirtió en el símbolo de
la tragedia del sismo de 8.2 grados Richter.
Deseamos que sea el símbolo de la
solidaridad. (Foto: El Universal)
1. Temporada de desastres naturales.  La zona sur de la República Mexicana fue afectada por un sismo de 8.2 grados (escala de Richter) causando la devastación de la ciudad de Juchitán, y dejando casi 100 muertos en los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco.
Además, las islas del Caribe y la costa de Florida fueron destrozadas por el huracán “Irma”, mientras que el litoral mexicano fue alcanzado tanto por “Katia” en el Golfo de México, como por “Max” en el Pacífico. Estos fenómenos meteorológicos dejaron la menos 55 fallecidos, y grandes daños materiales en Cuba, Florida, y las islas Barbuda, San Martín y San Bartolomé. (BBC Mundo, 12 sep. 2017 y 13 sep. 2017)

2. Los daños “no registrados”.  Los estragos de infraestructura se pueden visualizar y medir con relativa facilidad. En cambio, los daños morales son más fuertes y menos perceptibles por parte de quienes no estamos en las zonas damnificadas.
En efecto, hay personas heridas, familias separadas, poblaciones incomunicadas, además de la carencia de agua potable y alimentos. Junto a esto, la vida social quedó paralizada: numerosas casas habitación, iglesias, hospitales y escuelas fueron destruidas o dañadas.
Esto significa que la vida cotidiana ha quedado gravemente deteriorada para muchas comunidades, pues ahora viven en refugios o en la calle y no tienen a dónde acudir para recibir cuidados médicos, tomar clases o comprar víveres.

3. El desafío de la solidaridad. La magnitud de la devastación en el Caribe es de tal magnitud que han intervenido los países que poseen islas en esa zona: Estados Unidos, Francia y Holanda, además de los gobiernos locales en Florida y Cuba.
La ONU, que estima que los afectados por “Irma” ascienden a 37 millones, desplegó un equipo que trabajará conjuntamente con el Organismo del Caribe para la Gestión de Emergencias en Casos de Desastre (CDEMA). (ONU.org, 6 sep. 2017)
Junto con la ayuda oficial, la Iglesia Católica también juega un papel importante en la ayuda material y económica. En la zona mexicana afectada por los sismos, la organización Cáritas entregará 200 toneladas de víveres y productos de primera necesidad en Oaxaca y Chiapas. Además, se realizó una recaudación económica en las parroquias del país, solicitada por la Conferencia del Episcopado Mexicano. (Cáritas mexicana, 14 sep. 2017)

4. El peligro de las tragedias olvidadas.  Después de la destrucción material, ahora viene el problema de que los damnificados sean olvidados, y tengan que reiniciar sus vidas sin ningún recurso.
Como en la zona mixe de Oaxaca, que no ha recibido ayuda oficial después del sismo y del paso de dos huracanes (El Universal, 14 sep. 2017); y lo mismo en Niltepec, Chiapas, donde la gente escribió al gobernador: “tenemos hambre, tenemos sed y dolor”. (El Sol de México, 13 sep. 2017)

Epílogo. Deseamos que el resultado final de los huracanes y del sismo sea un nuevo modo de entender la solidaridad: primero, que pasemos de la “ayuda inmediata” a la "ayuda sostenida”, para que ya no haya más damnificados olvidados; y, segundo, se haga parte de nuestra cultura la “solidaridad coordinada” de gobierno, sociedad civil e instituciones religiosas.



sábado, 9 de septiembre de 2017

Los dilemas de la paz en Colombia

Año 13, número 644
Luis-Fernando Valdés

Francisco, en su visita Colombia, debía abordar un gran dilema: para que venga la paz, ¿hay que dejar sin castigo los crímenes de guerra de las FARC y aceptar la injusticia hacia las víctimas? 

El Papa con las víctimas de la guerra. Juan Carlos Murcia,
reclutado por las FARC a los 16 años. Un explosivo le quitó
su mano. Hoy hace trabajo social. (Foto: El tiempo)    
1. Un país divido por la guerra… y por la paz. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entraron en conflicto bélico con el gobierno en 1964. Durante más de 50 años, abundaron los homicidios, secuestros, desapariciones forzadas, atentados y masacres.
Después de cuatro años de negociaciones, se alcanzó un acuerdo definitivo de paz, en noviembre del año pasado. Fue complicado, porque el primer acuerdo fue rechazado por un plebiscito. Luego de una modificación al acuerdo, se obtuvo el pacto definitivo.
Aún hoy, Colombia sigue dividida porque más de la mitad de los votantes no aceptaba la concesión de amnistías por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Y a esto debía responder el Papa: ¿aceptar una paz a costa de las víctimas?

2. El papel de Francisco en los acuerdos de paz. Cuando el Papa volvía a Roma, al terminar un viaje apostólico a Cuba y Estados Unidos, en 2015, comentó en la conferencia de prensa en el avión papal, que tanto él como la Santa Sede “trataron de ayudar” el proceso de paz de Colombia. (Semana/AFP, 28 sep. 2015)
La Comunidad de San Egidio, fue el movimiento católico que facilitó los contactos entre las FARC y la Santa Sede. Gianni La Bella, uno de sus miembros, explicó en 2015 que “desde hace 20 años mantenemos contactos con las FARC. Nos han usado como palomas mensajeras para la paz”.
En efecto, ellos llevaron en mayo y agosto de ese año dos misivas de las FARC al Papa, en las que la organización garantizaba su voluntad de llegar a la paz y pedía su intervención. (Infobae, 24 sep. 2015)

3. El perdón, vía para construir la paz. En la homilía que Francisco pronunció en Villavicencio, el pasado viernes 8, alentó a la reconciliación de los colombianos. Explicó que se deben evitar dos polos: por una parte, la tentación de la venganza y de hacer justicia por la propia mano; y por otro, el utilizar la reconciliación para solapar situaciones de injusticia.
La vía que propone el Pontífice empieza por escuchar a todos los que han sufrido durante estos años: “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto”, dijo el Papa, que pediría después “no desconocer o disimular las diferencias y los conflictos”.
El Pontífice propuso el perdón como gran artífice de la paz, pues afirmó que “cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz”.
Francisco, conocedor de que este proceso de reconciliación no es fácil ni para la víctima ni para su agresor, pronunció unas emotivas palabras, llenas de esperanza: “Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en tal dirección, sin esperar a que lo hagan los otros. ¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡No lo olviden, basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona!”

Epílogo. La reconciliación nunca será un proceso sencillo, ya que pedir perdón y perdonar, realmente exceden las fuerzas humanas. Por eso, la reconciliación invita a buscar tanto un motivo sobrenatural –el ejemplo de Jesús–, como una fortaleza sobrehumana: la gracia de Dios. Por eso se entiende la intervención de la Iglesia en este proceso de paz, y también por eso ha sido tan importante el encuentro del Vicario de Cristo con los colombianos.

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