viernes, 27 de octubre de 2017

¿Por qué el Papa defiende a los “dreamers”?

Año 13, número 651
Luis-Fernando Valdés

“Sigan soñando”, invitó Francisco a un grupo de jóvenes inmigrantes que viven en Estados Unidos y corren el riesgo de ver truncadas sus ilusiones, si son deportados. ¿Por qué Trump desea deportar a estos “soñadores”? ¿Qué peligro representan?

Los dreamers son migrantes que llegaron a Estados
Unidos de niños y ahora tienen la oportunidad de
estudiar una carrera universitaria… si no son
deportados antes.
1. ¿Quiénes son los “dreamers”? En 2006 hubo una iniciativa legal sobre el estatus de los jóvenes inmigrantes que llegaron ilegalmente a Estados Unidos cuando eran niños, titulada “Ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros” (“DREAM Act”, por sigla en inglés).
Como esa propuesta no fue aprobada por la cámara alta, el presidente Obama, mediante una orden ejecutiva dictada en 2012, estableció el programa “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia” (DACA, por su sigla en inglés), para ayudar a estos jóvenes migrantes a cumplir el “sueño americano”; de ahí el mote de “dreamers” o “soñadores”.
Bajo este esquema, el gobierno acuerda “diferir” cualquier acción sobre el estatus migratorio por un periodo de dos años, con posibilidad de renovación, a personas que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños. Además, los beneficiarios reciben permisos de trabajo temporales, licencias de conducir y un número de seguridad social.

2. Trump busca eliminar el DACA. Una de las promesas de campaña electoral de Donald Trump fue eliminar la migración ilegal hacia los Estados Unidos. Este compromiso tiene como icono el muro que el presidente pretende construir en la frontera con México.
Según el New York Times, el mes pasado el fiscal general Jeff Sessions y Stephen Miller, principal asesor de política nacional de Trump, le pidieron a Trump que ponga fin a DACA, pues ambos ven la eliminación del programa como cumplimiento de una promesa de campaña. (NYT, 4 sep. 2017)
Las reacciones en defensa de los “soñadores” han sido muy amplias: desde políticos y activistas hasta la Conferencia de los Obispos de ese país. También el Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, protestó por esa decisión de Donald Trump y llamó al Congreso norteamericano a actuar y ofrecer a los afectados un estatus legal. (Mural, 11 sep. 2017)

3. Por qué Francisco defiende a los “dreamers”. En una reciente video-conferencia, durante una reciente visita a la sede romana de las Scholas Occurrentes, el Papa le manifestó a un grupo de jóvenes de Texas: “Estoy cerca de ustedes porque los obispos estadounidenses me han contado sus sufrimientos”. (Vatican Insider, 26 oct. 2017)
El Pontífice les narró su propio caso: “Yo soy hijo de migrantes y, si no hubiera habido personas que hubieran acogido a mis padres, yo no estaría aquí con ustedes”. Y les explicó que “acoger una cultura que llega de otros países” es enriquecedor para la nación que recibe a los migrantes.
Según el Papa argentino, los migrantes son un beneficio para el país que los acoge, e hizo esta exhortación: “Le pido a todos los pueblos que ayuden a los migrantes, porque son la promesa de la vida para el futuro”.
El Pontífice mencionó que en la Biblia Dios defiende a los refugiados, porque los israelitas fueron migrantes y recibieron el mandato de acoger a los extranjeros, y porque Jesús mismo fue migrante en Egipto.
A los europeos, Francisco les pidió que “no se olviden que también ustedes son mestizos, debido a las grandes migraciones de los tiempos de los bárbaros, de los vikingos”, y les advirtió que “este no es el momento para jugar al laboratorio aséptico”, sino “el momento de acoger a los que llegan y de respetar las leyes del pueblo que recibe”. 

Epílogo. Si el muro de Trump usa como pretexto que impedirá la llegada de criminales a Estados Unidos, estos “soñadores” son la prueba viviente que la mayoría de los migrantes son personas buenas que aspiran a una buena educación y a trabajar mucho.
Para Francisco, los migrantes tienen una dignidad que debe ser respetada, y deben ser acogidos como personas de bien y no como potenciales criminales. Por eso, su apoyo a los “dreamers” tiene un gran significado.



viernes, 20 de octubre de 2017

Revolución rusa, 100 años después

Año 13, número 650
Luis-Fernando Valdés

¿Por qué ha sido tan poco festejado el centenario de la revolución que marcó la historia del siglo XX? ¿Qué lección se encierra en este silencio? 

Lenin, líder de la revolución rusa, que dejó un saldo
 de libertades atropelladas y de vidas arrebatadas.
1. Las dos revoluciones de 1917. La primera ocurrió, después de la derrota del ejército del Zar en la primera Guerra Mundial, cuando Nicolás II abdicó el 12 de marzo, tras largas movilizaciones sociales de protesta.
La segunda y más conocida aconteció el 25 de octubre, cuando los bolcheviques encabezados por Trotsky, Lenin y Stalin conquistaron el poder, al derrocar al jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky. Entonces el sóviet de Petrogrado se quedó con el poder del Estado, y Lenin empezó la persecución a la Iglesia ortodoxa rusa. (Cfr. El País, 11 abr. 2017)
La historia posterior es larga y compleja: una guerra civil entre los bolcheviques y los contrarrevolucionarios (1918-1921), la Segunda Guerra Mundial (1939) y la dictadura de Stalin, la Guerra Fría (desde 1945 hasta 1989, con la caída del muro de Berlín). Una amarga historia de atropellos a la libertad y de millones de muertos.

2. Un centenario poco celebrado.  Un artículo del New York Times explicaba que este aniversario se redujo a una conmemoración académica, sin mayores celebraciones populares, porque, según algunos funcionarios del Kremlin, historiadores y analistas, el presidente Vladimir Putin detesta la idea de revolución.
“Conocemos bien las consecuencias que pueden tener estas convulsiones históricas”, afirmó Putin en diciembre pasado, durante su discurso del Estado de la federación. “Desafortunadamente, en el siglo XX nuestro país sufrió muchas de estas convulsiones y sus consecuencias”, sostuvo. (N. Macfarquhar, NTY, 13 mar. 2017)

3. El lado obscuro del Comunismo.  La Revolución rusa buscaba implantar las ideas de Karl Marx: la imponer la Dictadura del Proletariado, donde los hombres pudieran vivir iguales, sin propiedad privada, en un mundo sin pobres ni ricos.
Sin embargo, la Revolución se transformó en una auténtica dictadura, en la que no había un dictador, sino una ideología totalitaria, con una visión histórica materialista y atea. Fue la dictadura de todo un sistema político y económico, que persiguió cruelmente a las religiones, especialmente a la cristiana. (Cfr. S. Aragonés, Aleteia, 16 oct. 2017)
La obra titulada “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997), escrita por un grupo de profesores universitarios e investigadores europeos, estima que el número de muertos bajo los diversos regímenes comunistas (China, Rusia, Corea del Norte, etc.) “se acerca a la cifra de cien millones”. (Cfr. Aleteia.org, 21 abr. 2017)

4. La historia atrás de la historia.  El biógrafo de Juan Pablo II, George Wiegel, formula una pregunta muy importante sobre el modo pacífico de la caída del muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial.
Pregunta Weigel: “¿Qué fue lo que hizo que "1989" no implicara derramamiento de sangre y violencia masivos, los dos métodos habituales del siglo XX para efectuar un gran cambio social?” (Aleteia, 30 ene. 2014)
Y responde que esa revolución pacífica fue posible gracias a Juan Pablo II, el Papa polaco que durante sus años como obispo de Cracovia tuvo que lidiar con el régimen comunista, pues este Pontífice fue el que encarnó la “revolución de la conciencia moral” que llama al mal por su nombre, y que por eso fue capaz de aglutinar a pensadores y políticos que dieron lugar al cambio: Vaclav Havel, Ronald Reagan, etc.

Epílogo. No se puede celebrar una ideología que destruye al hombre. Aunque la inquietud por defender a los trabajadores y a los pobres sigue siendo válida, el Comunismo no fue capaz de darle una respuesta, porque el afán de poder que lo sustentaba conllevaba cancelar todas las libertades y matar a sus millones de opositores.
La gran lección de este centenario es que cuando el ser humano abandona los principios morales, destruyendo la libertad individual y la libertad religiosa, el hombre se convierte en el depredador del hombre. Entonces, la gran revolución de hoy consiste en conservar la conciencia moral como guía para solucionar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo.



viernes, 13 de octubre de 2017

El Papa y la pena de muerte

Año 3, número 649
Luis-Fernando Valdés

En el itinerario hacia la abolición global de la pena de muerte, el Papa Francisco ha dado un paso muy grande: ha sugerido que se modifiquen las ambigüedades del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena capital. 

El Papa Francisco insiste en que la pena de muerte
debe ser abolida en todo el mundo.
1. Una pesada herencia doctrinal.  Aunque los últimos Pontífices han pedido constantemente a las naciones que sea abolida la pena de muerte, es un hecho histórico que durante siglos algunos papas han justificado la ejecución capital.
Esta doctrina pontificia se basaba en un principio moral: que el derecho a la “legítima defensa” permitiría eliminar a un “injusto agresor”. Y con el paso de los siglos está postura se incorporó como parte de la Doctrina oficial de la Iglesia, e incluso fue incluida en la primera edición del Catecismo de la Iglesia Católica (1992).

2. La lucha abolicionista de Juan Pablo II.  El Papa polaco publicó la encíclica “Evangelium Vitae” en 1995, y dio un giro en este tema, al afirmar que los casos en los que se necesitara suprimir al agresor “son ya muy raros, si no es que prácticamente inexistentes” (n. 56).
Esto llevó una nueva formulación en la segunda versión del Catecismo, en 1998. Y, en la Exhortación “Ecclesia in América” (1999), Juan Pablo II escribió que una sociedad que emplea la pena de muerte “lleva la impronta de la cultura de la muerte y se opone al mensaje evangélico” (n. 63).  (Cfr. La Croix, 4 ene. 2007)

3. Los argumentos de Francisco.  El Papa argentino ha manifestado el rechazo total a la pena de muerte por ser una “ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa”.
En 2015, ante un grupo de juristas, el Pontífice refutó que las doctrinas del “injusto agresor” y la “legítima defensa” se pudieran aplicar a los presos. Afirmó que los presupuestos de la legítima defensa personal no son aplicables al medio social, sin riesgo de tergiversación, porque “cuando se aplica la pena de muerte, se mata a personas no por agresiones actuales, sino por daños cometidos en el pasado”.
Y añadió que tales casos, la pena capital “se aplica, además, a personas cuya capacidad de dañar no es actual, sino que ya ha sido neutralizada, y que se encuentran privadas de su libertad”. Por eso, dijo, “hoy en día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado”. (Discurso, 20 mar. 2015)

4. Una posible modificación al Catecismo. En un reciente encuentro sobre los 25 años del Catecismo, Francisco explicó algunas de sus claves de comprensión, como la necesidad de dar luces a cada época y leerlo siempre desde el amor que nos ha revelado Jesucristo.
El Papa mismo aplicó estos principios a la doctrina sobre la pena de muerte, y señaló que esa enseñanza no debe reducirse al “mero recuerdo de un principio histórico”, sino que tiene que tomar en cuenta “el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices” y la conciencia del pueblo cristiano que rechaza la ejecución capital.
Francisco reconoció que “en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia”. Y añadió: “asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana”.
El mensaje del Papa fue claro: dejar atrás aquella pasada visión favorable a la pena de muerte, porque hoy día “a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad”. (Discurso, 11 octubre 2017)

Epílogo. Francisco nos da una gran lección, la de admitir con humildad que, en ocasiones, los condicionamientos sociales de una época de la historia han prevalecido sobre la auténtica doctrina del Evangelio, como el caso de la pena de muerte. Francisco nos impulsa así a recuperar en profundidad el auténtico mensaje evangélico de amar y defender la vida desde su concepción hasta su fin natural.


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